¡Eres valiente, mi niña! Ya sabes cómo se debe amar. Ya tienes la fuerza para no esperar nada a cambio. Los violines te abren el camino. Los prados te iluminan la vista. Las montañas te arropan del frío. El humo intentará que desaparezcas, pero ya sabes cómo soplar, para elegir lo que te conviene, aunque te equivoques.